Durante años he escuchado una duda continua entre mis estudiantes: cómo incluir la voz propia en sus trabajos. Una duda que no me resulta extraña porque también la he experimentado. Buscando opciones para ayudarles, más allá de repetirles lo valioso de los ensayos de argumentación como ejercicio, recordé algo que suelo hacer con una finalidad distinta, pero que podía funcionar. En los borradores de mis investigaciones acostumbro utilizar diferentes colores en las fuentes, para identificar su origen. Me ha ayudado para que en lo que redacto haya inclusión de perspectivas, tanto por género, como por la geografía donde se originan. Lo que inició con mis citas y referencias se volvió en la estrategia que mejores resultados me ha dado para ayudar a mis estudiantes para identifiquen su propia voz y se acostumbren a separarla de la ajena.

Si encontrar la voz propia es una tarea difícil para quienes tenemos experiencia, puede ser motivo de frustración para quien se inicia en la investigación o bien, que nunca supo por qué es importante. Para Castelló, Castelló, Corcelles, Iñesta, Vega y Bañales (2011: 108)1, “la construcción de una voz propia es posible gracias a la interiorización de otras voces que nos han acompañado en el proceso”. Esa es la estrategia que seguimos, tener claro qué otras voces acompañan su proceso por medio de colores: un color para las citas textuales y las paráfrasis, otro color para las aportaciones propias.

Es simple, pero les ayuda a darse cuenta de cuando ya no están citando o cuando es lo único que están haciendo, porque lo ven. Es muy, muy simple. Si de pronto el texto se vuelve monótono, algo falta. Puede ser fundamento o aportaciones propias, y con eso pueden incluir lo que sea necesario, sabiendo que hay momentos en los que su documento puede requerir monotonía. En mi experiencia cuando deciden que en una sección no deberían citar, o bien que es lo único que corresponde,  es porque entienden el proceso de redacción y la naturaleza de su propio trabajo.

Durante estos años de uso, los colores han dado muy buenos resultados, en particular en investigaciones extensas. Alternar colores funciona para incorporar sus aportaciones―y de paso tuvo un efecto secundario más que bienvenido: la prevención del plagio. La incorporación de la voz ajena y su diferenciación con la voz propia ha sido señalada como uno de los principales factores del plagio (Ochoa y Cueva Lobelle, 20142; De la Chaussée Acuña, y Cházari de la Chaussée, 20133; Yang, Stockwell y McDonnell, 20194).

Mis estudiantes saben que si no es “propio” no puede estar redactado usando “su” color. Tener consciencia de lo que no les pertenece implica citar esa información. Mi parte en el proceso requiere hacerles preguntas, pedirles que ahonden en las ideas en “sus palabras” o que incluyan citas cuando haga falta, también recordarles que tienen que hacer “algo” con sus citas, ya sea comentarlas, explicarlas, vincularlas con ideas previas, ejemplificarlas, y/o adoptar una postura crítica. Todo eso implica aportación propia.

En las actividades menos extensas, el uso de los colores también es más sencillo, regresa a las fuentes y el tipo de información. Colores para señalar conceptos, o argumentos en las explicaciones; si incluyen un concepto, deben citar al autor o autora de quien lo retoman. Al inicio siempre es difícil, la formación previa (Ochoa y Cueva Lobelle , 20145), la memoria oculta (Gingerich y Sullivan, 20136) y el poco interés (Park, 20037) son obstáculos, por lo mismo, mi trabajo es explicarles no solo cómo hacerlo, sino por qué les va a ayudar y mostrarles ejemplos de esas explicaciones propias que son más que parafrasear la cita previa. Ejemplos de quienes ya pasaron por el proceso, trabajos de estudiantes que fueron incorporando su voz hasta que se volvió algo habitual.

Para quienes creemos en el uso pedagógico de las representaciones visuales, ver la información y saber qué estamos haciendo con ella es algo que amerita explorarse. Saber que en algún momento del semestre, mis estudiantes me van a decir que usar colores les ha ayudado y que cuando ven que una página tiene un solo color se preguntan por qué y si no están olvidando sus comentarios, es una motivación personal. No todas las personas aprenden de la misma manera y no todas las personas necesitan refuerzos visuales, pero para quienes están aprendiendo a redactar, usar uno o una miríada de colores es una alternativa que vale la pena probar.

1 Castelló, M., Corcelles, M., Iñesta, A., Vega, N., y Bañales, G. (2011). La voz del autor en la escritura académica: Una propuesta para su análisis. Revista signos, 44(76), 105-117. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342011000200001
https://scielo.conicyt.cl/pdf/signos/v44n76/a01.pdf
2 Ochoa, L., y Cueva Lobelle, A. (2014). El plagio y su relación con los procesos de escritura académica. Forma y Función, 27(2), 95-113. https://doi.org/10.15446/fyf.v27n2.47667
https://www.redalyc.org/pdf/219/21935715003.pdf
3 De la Chaussée Acuña, M. E., y Cházari de la Chaussée, R. (2013). El plagio en estudiantes universitarios. Memoria Electrónica XII congreso nacional de investgación educativa.
http://www.comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v12/doc/0536.pdf
4 Yang, A., Stockwell, S., y McDonnell, L. (2019). Writing in your own voice: An intervention that reduces plagiarism and common writing problems in students' scientific writing. Biochemistry and molecular biology education: a bimonthly publication of the International Union of Biochemistry and Molecular Biology, 47(5), 589–598.
https://doi.org/10.1002/bmb.21282
https://core.ac.uk/download/pdf/305124398.pdf
5 Ochoa, L., y Cueva Lobelle, A. (2014). El plagio y su relación con los procesos de escritura académica. Forma y Función, 27(2), 95-113. https://doi.org/10.15446/fyf.v27n2.47667
https://www.redalyc.org/pdf/219/21935715003.pdf
6 Gingerich, A. C., y Sullivan, M. C. (2013). Claiming hidden memories as one’s own: A review of inadvertent plagiarism. Journal of Cognitive Psychology, 25(8), 903–916. doi:10.1080/20445911.2013.8416
https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/20445911.2013.841674
7 Park, C. (2003). In Other (People’s) Words: Plagiarism by university students--literature and lessons. Assessment & Evaluation in Higher Education, 28(5), 471–488. doi:10.1080/02602930301677
https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/02602930301677